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Si observamos a una persona atentamente desde que se acuesta hasta, por ejemplo, dos horas
después de quedarse dormida, nos daríamos cuenta que en su organismo se producen una serie de
cambios. Por ejemplo, es frecuente que al inicio del sueño se den contracciones musculares en
las extremidades o en todo el cuerpo. Estas contracciones indicarían que la persona acaba de dormirse.
Otro tipo de cambio son los movimientos oculares rápidos que se producen aproximadamente al cabo de 90
minutos del inicio del sueño, signo de que la persona está soñando.
Algunos de estos cambios fisiológicos fueron tomados en cuenta por A. Rechstchaffen y A. Kales
para clasificar el sueño en diferentes etapas. Esta clasificación se realiza a partir del registro
de los siguientes parámetros electrofíológicos:
- Electroencefalograma ( EEG): medida de la actividad cerebral.
- Electroculograma ( EOG ): medida de los movimientos oculares.
- Electromiograma submentoniano: medida del tono muscular.
- Respiración: medida del flujo de aire inspirado y cantidad de movimiento muscular torácico-abdominal.
- Oximetría: cantidad de oxígeno en sangre
La distribución de estas etapas en el período de sueño no es aleatorio, sino que se ciñe
a unas características comunes en la mayoría de individuos sanos. A continuación comentaremos
en detalle cuáles son las principales características de las diferentes fases del sueño.
Fase I: es la fase de sueño ligero, aquella en la que aún percibimos la mayoría estímulos
que se suceden a nuestro alrededor (auditivo y táctiles ). El sueño en fase I es poco o
nada reparador. En la fase I de sueño la actividad cerebral combina el patrón alfa con el
theta de baja amplitud. El tono muscular está disminuido en relación a la vigilia y
aparecen movimientos oculares lentos.
Fase II: en esta fase se produce un bloque de los “inputs” sensoriales a nivel de tálamo,
es decir, nuestro sistema nervioso bloquea las vías de acceso de la información sensorial.
Este bloqueo comporta una desconexión del entorno, lo que facilita la conducta de dormir. El
sueño de fase II es parcialmente reparador, lo que sugiere que no es suficiente para descansar
completamente. El tono muscular es menor que en la fase I, y desaparecen los movimientos oculares.
Fase III: el bloqueo sensorial se intensifica en relación a la fase II, lo que indica una
mayor profundidad de sueño. Si nos despertamos en esta fase, nos encontramos confusos y
desorientados. El sueño de fase III es esencial para que la persona descanse subjetiva y
objetivamente. El tono muscular es aún más reducido que en la fase II, y tampoco hay movimientos oculares.
Fase IV: es la fase de mayor profundidad del sueño, en la que la actividad cerebral es más lenta.
Al igual que la fase III, es un período esencial para la restauración física y sobre todo psíquica
del organismo. En esta fase, el tono muscular está muy reducido. Aunque no es la fase típica de los
sueños, en algunas ocasiones pueden aparecer. Los sueños de la fase IV son de forma de imágenes, luces,
figuras, y nunca en forma de historia. Por último, comentar que la fase IV es la fase en la que
manifiestan alteraciones tan conocidas como el sonambulismo o los terrores nocturnos.
Fase V o Fase MOR: es la fase en que tenemos los sueños típicos, los que se representan en forma de
narración. La actividad eléctrica cerebral de esta fase es rápida. El tono muscular es nulo, lo que
impide que representemos aquello que soñamos. Las alteraciones más típicas de esta fase son las pesadillas,
el sueño MOR sin atonía y la parálisis del sueño.
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