Si seguimos una escala temporal, encontramos distintas caducidades a situaciones cotidianas que tienen que ver con nuestro descanso. Desde la primigenia y más continua sustitución de sábanas, colchas y demás ropa de cama a la decisión más importante y que va a ir ligada a la duración de nuestro colchón. Justo en el punto medio entre los cambios más seguidos y el que (más o menos) debemos tomar cada 8 ó 10 años, encontramos cada cuánto debemos cambiar la almohada. Y como sucede con su hermano mayor, existen una serie de pautas y recomendaciones que seguir. Tu descanso te lo agradecerá.

Si bien es cierto que la pregunta más repetida en todo lo relacionado con el confort del sueño es la ya mencionada “¿cada cuánto debo cambiar de colchón?”, debemos repetir la misma pregunta pero poniendo el foco en la almohada. Siendo uno de los elementos que más influyen en nuestro descanso, deberíamos de prestar atención a diversos factores para encontrar una respuesta. Desde la sensación más inmediata (“¿me sigue aportando el mismo apoyo y reposo en cabeza y cuello?”) hasta razones más mundanas pero igual de vitales que tienen que ver con la higiene. Por todo ello, a continuación te pautamos una serie de premisas recomendadas para contestar la duda planteada al inicio y cuya respuesta genérica podría ser la siguiente: recomendamos sustituir la almohada cada dos años.

Estos son los principales motivos por los que deberías cambiar de almohada

El tiempo pasa demasiado deprisa

¿La última vez que compraste una almohada la selección española aún no había ganado el Mundial de fútbol? Si la respuesta es afirmativa, hace demasiado tiempo que no la sustituyes y no deberías esperar ni un minuto más para acudir a tu tienda Maxcolchon y escoger un nuevo modelo. Sin necesidad de fijar una cifra exacta (aunque repetimos que es recomendable sustituirla cada dos años), es obvio que cuanto más tiempo haya transcurrido menos propiedades originales va a conservar.

Manías y usos de cada uno

Si por regla general pasamos un tercio de nuestra vida durmiendo, tanto el colchón como la almohada son elementos que van a acompañarnos en esta bonita costumbre de descansar. A la larga, esa recurrente exposición acompañada de ciertas manías personales (¿eres de los que suele utilizar siempre el mismo lado?) va erosionando sus capacidades, hasta el punto de llegar a deformarse.

Ese deterioro va ir minando el confort inicial que te aportaba la almohada. Seguramente ha perdido ya su forma natural y cuando la doblas por la mitad y la sueltes ni siquiera vuelve a su estado. Señales inequívocas que están pidiendo a gritos una nueva compañera de cama. Por no hablar de si la disiminución de sus propiedades ha causado molestias, dolores cervicales o la mala sensación de incomodidad que se transforma en dar vueltas y más vueltas en la cama.

Animales que no son de compañía

Otro de los principales motivos está ligado a la propia higiene. Aunque contemos con una funda protectora y lavemos esta de manera semanal (algo que debemos hacer con la almohada un par de veces al año), la almohada va a acabar convirtiéndose en un ecosistema perfecto para los ácaros debido a la acumulación de sudor, grasas, células muertas, pelos y otras partículas. Estos microscópicos arácnidos son una de las principales causas de alergias, asma o incluso acné. Y el hecho de no sustituir la almohada cuando lo recomiendan los expertos no ayudará a su eliminación.

Nuestras necesidades cambian

Por último, y no menos importante, tenemos que contar con el factor de la evolución personal, emocional y física. Lo que te valía hace un tiempo no tiene que funcionarte igual de bien en la actualidad. Es posible que antes no padecieras molestias cervicales y ahora sí. Has pasado de dormir solo a hacerlo acompañado de tu pareja y esta no se siente cómoda con el material de esa almohada. Son ejemplos de situaciones cotidianas que reflejan que nuestros requisitos a la hora de dormir han podido ser sustituidos por otro, lo que significa que debemos cambiar de almohada.

En definitiva, si la tecnología nos ha traído materiales tan dispares y estupendos como la viscoelástica, el látex o la fibra, atrévete a probar esas nuevas sensaciones. Seguro que hay un nuevo modelo diseñado especialmente para tu confort y tus sueños.