Mi hijo es sonámbulo, ¿qué debo hacer?

Mar 1, 2020 | NIÑOS, TE ACONSEJAMOS |

El sonambulismo es un trastorno del sueño que se origina durante el sueño profundo y suele conllevar que la persona que lo sufre lleve a cabo alguna actividad, como andar a algún sitio, estando todavía dormida. Sin embargo, andar no es la única actividad que realizan los sonámbulos. También es común que se queden en la cama sentados, o se levanten y miren alrededor.

El ciclo del sueño se divide en etapas: desde la somnolencia leve hasta el sueño profundo. Cuando dormimos, primeramente atravesamos una etapa del sueño llamada no REM (desincronizado) para después atravesar una llamada sueño REM. El sonambulismo parece darse con más frecuencia durante esta primera etapa no REM, en las primeras horas de la noche.

El sonambulismo es más común en niños que en adultos. Esto se debe a que, a medida que nos hacemos mayores, la etapa del sueño en la que se produce el sonambulismo, conocida como sueño N3, va disminuyendo. Este problema suele ser además hereditario, aunque también está asociado a la falta de sueño, la fatiga o la ansiedad.

Así, el sonambulismo suele darse sobre todo en los niños de tres a siete años, siendo todavía más probable que se de en niños que sufren de apnea obstructiva del sueño, así como en los niños que mojan la cama.

Causas del sonambulismo

A veces no es posible determinar la causa del por qué un niño es sonámbulo. De cualquier manera, algunos de los factores que pueden contribuir al sonambulismo son:

  • Privación del sueño
  • Estrés
  • Fiebre
  • Interrupciones en el horario para dormir, viajes o interrupciones del sueño

    Síntomas del sonambulismo

    El sonambulismo en los niños suele darse temprano por la noche, usualmente en las primeras horas después de haberse dormido. El niño puede estar parcialmente despierto durante el episodio, pero puede no reaccionar ante nuestra llamada. Uno de los síntomas principales es ver al niño andar o sentarse en la cama, pero también pueden darse otros síntomas:

    • Al despertar, puede mostrar confusión y/o desorientación.
    • Tener dificultad para despertarse.
    • Comportamiento agresivo cuando se le despierta en el episodio de sonambulismo.
    • Tener una mirada perdida durante el episodio.
    • Presentar terrores nocturnos además de sonambulismo.

Otros actos que puede tener una persona en un episodio de sonambulismo son:

  • Salir de casa
  • Hacer actividades rutinarias, como vestirse, hablar, comer…
  • Tener comportamientos extraños (como, por ejemplo, hacer pis en un sitio que se confunda con el baño)
  • Otras actividades de riesgo como tirarse por las escaleras
  • Actuar de forma violenta

Tratamiento

En la mayoría de los casos, no es necesario un tratamiento específico para los niños sonámbulos. En muchas ocasiones mejorar la higiene del sueño puede eliminar el problema.

Este problema es común en los niños y suele desaparecer con el tiempo, especialmente cuando disminuye la cantidad de sueño profundo. Sin embargo, si los episodios se dan a menudo, lo mejor será consultar con el médico.

Es probable que, en el caso de que sea necesario tratar el problema debido a que se producen muchos episodios, el médico se centre en determinar la causa específica del problema: determinar si padece estrés, ansiedad o fatiga pueden ser algunos de los objetivos para el tratamiento del sonambulismo.

Pautas a seguir

Aunque el sonambulismo no tiene un tratamiento específico, puede ser importante llevar a cabo algunas medidas:

  • Establecer una rutina de sueño para que el niño descanse lo suficiente.
  • Crear un ambiente cómodo a la hora de dormir.
  • Poner medidas de seguridad si se cree necesario para que el niño no pueda hacerse daño.
  • Despertar al niño si corre peligro de lastimarse durante el episodio de sonambulismo.

El sonambulismo no tiene por qué convertirse en un problema grave. Lo normal es que se reduzca a medida que el niño crece, aunque si persiste puede ser síntoma de otros trastornos del sueño. No dudes en consultar con tu médico si estos episodios se vuelven frecuentes en el niño.