Por qué dormimos

Dormir es una parte esencial del día a día de las personas. Sin embargo, el acto y necesidad de dormir continúa despertando muchas incógnitas entre el entorno científico. Lo que está claro es que el descanso que aporta el sueño es crucial para la regeneración del organismo y un correcto funcionamiento de nuestras capacidades físicas y mentales. Las personas, al igual que cualquier otro ser animal, somos vulnerables mientras dormimos. Por lo que, desde el punto de vista de la naturaleza, el sueño debe aportar unas ventajas imprescindibles por las que valga la pena entrar en un estado de inconsciencia durante tanto tiempo y con tanta frecuencia.

No es difícil probar que dormir es importante. No obstante, los científicos sí que tienen problemas para poder evidenciar qué sucede exactamente mientras estamos dormidos. En términos generales, se ha establecido que el sueño permite descansar y que tanto el cuerpo como la mente se recuperen. Durante el día, el cerebro establece múltiples conexiones entre las distintas partes como resultado de las experiencias vividas. Mientras se duerme, las conexiones importantes se refuerzan y las secundarias desaparecen. Al parecer, al encontrarnos dormidos, el cerebro también se dedica a eliminar ciertas partículas residuales.

Falta de sueño

Si privamos a nuestro cuerpo del sueño que necesita, se produce una alteración en la forma en que las células se comportan. Por lo que se ha podido comprobar, las células encargadas de provocar inflamaciones aumentan su actividad. El cuerpo responde a la falta de sueño de forma similar a cuando se encuentra bajo estrés. Este estado de tensión explicaría también la estrecha relación entre falta de sueño y las dolencias o ataques cardíacos.

La falta de sueño también afecta a nuestra capacidad mental. De ahí la expresión “estar medio dormido”. Estudios recientes muestran que, ante una falta de sueño, algunas partes del cerebro se vuelven inactivas mientras seguimos aún despiertos. De hecho, las partes que están activas e inactivas van cambiando. Esto explica por qué parece que nos quedamos dormidos de un momento para otro, cuando realmente el proceso en el cerebro es gradual.

Fases del sueño

Cuando dormimos pasamos por toda una serie de fases del sueño que componen un ciclo completo. Dentro de este ciclo encontramos fases de sueño ligero, sueño profundo y la conocida como fase REM. Se estima que el primer ciclo de sueño dura unos 90 minutos y los siguientes entre 100 y 120. Durante una noche de sueño se atraviesan entre 4 y 5 ciclos.

En las fases de sueño profundo resulta difícil despertarse. Es habitualmente en este momento cuando los niños pueden mojar la cama. Es durante esta fase en la que tanto el cuerpo como la mente consiguen un mayor descanso. Por ello, se recomiendan siestas cortas en las que nunca se alcanza este punto y que por lo tanto no interfieren en la necesidad de sueño nocturno.

Durante el sueño profundo, se liberan las hormonas responsables del crecimiento y de la regeneración muscular, razón por la que dormir adecuadamente es tan importante durante la infancia y adolescencia o para los deportistas o personas que realizan esfuerzos físicos. Durante esta fase también se restablece el sistema inmune y se cree que también sería el momento en el que cerebro resetea información.

La última fase con la que se concluye cada ciclo de sueño es la llamada fase REM. Es tras esta fase cuando es más probable que nos despertemos. Sin embargo, si el periodo de tiempo durante el que nos mantenemos despierto no es muy largo, lo olvidamos. Durante la fase REM, se incrementa el ritmo de la respiración, los ojos se mueven rápidamente y los músculos quedan paralizados y la actividad mental aumenta. Fruto de esta actividad mental se crean los sueños. Al parecer, todo el mundo sueño entre unas 4 y 6 veces al día, pero únicamente somos capaces de recordar los sueños si nos despertamos antes de que la fase REM finalice.

El ritmo circadiano

El ritmo circadiano es una especie de reloj interno que incorpora nuestro cuerpo y que funciona en ciclos aproximados de 24 horas. Entre sus funciones se encuentran el control de la producción de hormonas, la temperatura corporal y el sueño. Es este reloj interno el causante de que todos los días te sientas cansado y con sueño aproximadamente a la misma hora. No obstante, unos hábitos de vida y descanso incorrectos pueden alterar su funcionamiento.  El uso abusivo de luz artificial y aparatos electrónicos o el cambio de horario pueden desorientar tu ritmo circadiano, no permitiéndote dormir por la noche y haciéndote sentir somnoliento durante el día. Es lo que sucede, por ejemplo, con el conocido efecto jet lag y la razón por la que siempre se recomienda mantener unos horarios y hábitos de sueño regulares.

La vida moderna ha afectado al sueño

Múltiples estudios han probado que la luz artificial ha afectado al ritmo de vida actual, modificando los hábitos de sueño. De media, en la actualidad se duerme hasta dos horas menos que la generación anterior. En Estados Unidos, hay estadísticas que indican que un tercio de los adultos duerme menos de 6 horas al día.

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