¿Dormir sin almohada?

30 de noviembre de 2017

El concepto de las almohadas data de hace más de 9.000 años, cuando en Mesopotamia se utilizaban bloques de piedras para mantener la cabeza elevada mientras dormían. El uso de la almohada se repite en prácticamente todas las sociedades, por lo que el ser humano ha buscado siempre el uso de un elemento con el que elevar la cabeza para dormir más cómodamente.

A día de hoy, hay una gran variedad de materiales y tipos diferentes de almohadas para satisfacer todo tipo de gustos y necesidades. A pesar de ello, hay personas que prefieren dormir sin almohada. Se trata de una elección personal, que depende más de los gustos de cada uno. Sin embargo, sí que puede tener una serie de beneficios.

  1. Postura de la columna vertebral: dormir sin una almohada, o utilizar una fina, permite mantener una postura más natural de la columna vertebral cuando se duerme boca arriba.
  2. Menos arrugas: hay quien defiende que al dormir sin almohada se reduce la aparición de arrugas en el rostro. Esto se debería al hecho de que la cara no se encuentre toda la noche apretada contra la almohada.
  3. Mejor sueño: hay gente que argumenta que una almohada les interfiere en el sueño y que consiguen dormir mejor sin una. Aunque probablemente se deba a la elección de una almohada incorrecta, hay ciertas posturas en las que puede resultar más cómodo utilizar una almohada bajita o directamente prescindir de ella.
  4. Evita dolores: la mayor razón por la que la gente prueba a dormir sin almohada es porque sufren dolores de cuello o cervicales. Los que se sienten más aliviados al retirar la almohada, obviamente repiten. De nuevo, se trata de una cuestión de elegir un grosor y firmeza de almohada adecuados para la postura en la que dormimos.
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