
¿Sabías que dormir poco cada noche puede pasarnos factura? Dormir es una actividad inherente a la naturaleza del ser humano de la que depende la salud de nuestro cuerpo y cerebro. Y es que, mientras dormimos, se producen importantes procesos que permiten que nuestro organismo rehaga su equilibrio interno a nivel bioquímico y metabólico.
Al dormir, se consigue un estado de reposo en el que se reducen al máximo todos los sentidos y los movimientos. Esta calma corporal y el descanso mental permiten recobrar energías y vitalidad para el día siguiente.
En este artículo de Maxcolchon, te explicamos las causas de dormir mal, por qué una persona no duerme y los efectos de dormir poco. Y tú, ¿duermes lo suficiente?
Qué es la falta de sueño o privación de sueño
Un mal descanso puede afectar a nuestra salud de muchas formas, hasta el punto de que la ciencia ya ha descubierto cuáles son las consecuencias que un mal descanso puede conllevar para los seres humanos.
Algo parecido ocurre cuando la privación de sueño es parcial. Pongamos que, en una persona sana que necesita dormir unas ocho horas, se le reduce el sueño a la mitad (es decir, 4 horas). Según el Instituto del Sueño, lo que ocurre en esta “privación del sueño parcial” es que, en adultos jóvenes y sanos de entre 20 y 30 años, pueden observarse sobre todo alteraciones hormonales.
Cuando el reloj biológico se ve comprometido, el cuerpo emite señales de alerta. La falta de sueño no solo afecta la energía diaria, sino que también tiene efectos a largo plazo. Desde enfermedades relacionadas con la privación del sueño hasta cambios cognitivos.
Cuánto debes dormir según tu edad
Según una investigación realizada por un equipo de expertos en el sueño, y que ha sido publicada en la National Sleep Foundation, estas son las necesidades de sueño según distintos rangos de edad:
Niños en edad escolar (6-13): se recomienda un sueño de entre 9 y 11 horas. Nunca menos de 7 ni más de 12 horas.
Adolescentes (14-17): lo ideal es dormir entre 8 y 10 horas. No es aconsejable dormir menos de 7 ni más de 11 horas.
Adultos jóvenes (18 a 25): el estudio recomienda dormir entre 7-9 horas. Nunca menos de 6 ni más de 11 horas.
Adultos (26-64): lo preferible es dormir entre 7 y 9 horas. Menos de 6 o más de 10 horas no son aconsejables.
Mayores de 65 años: lo ideal es descansar entre 7-8 horas durante el día. El estudio desaconseja dormir menos de 5-6 horas o más de 9.
Causas de la privación del sueño
La falta de sueño, también conocida como privación de sueño, va más allá de una simple interrupción en nuestras horas de descanso. Diversos factores pueden acabar transformándose en las causas de dormir mal, algo que afectará a la salud de forma significativa.
Una de las causas más comunes de dormir poco la encontramos en las propias decisiones voluntarias que reducen el tiempo disponible para dormir. Es decir, hablamos de esas personas que optan por quedarse despiertas hasta tarde haciendo alguna actividad de ocio pasivo como leer o ver una película.
Las obligaciones laborales también desempeñan un papel importante en la falta de sueño. Trabajar en múltiples empleos o en horarios prolongados puede limitar el tiempo disponible para un descanso adecuado. Los trabajadores por turnos, que a menudo tienen que trabajar durante la noche, pueden enfrentar desafíos particulares para obtener la cantidad necesaria de sueño.
La presencia de trastornos del sueño, como la apnea del sueño, agrega otra capa a las causas de la privación del sueño. Estos trastornos pueden interrumpir tanto la duración como la calidad del sueño, afectando negativamente la salud general.
Además, problemas médicos y de salud mental, como el dolor crónico o el trastorno de ansiedad generalizada, pueden ser factores que contribuyen a la falta de sueño. Estas condiciones no solo afectan la calidad del sueño, sino que también pueden influir en la cantidad de horas que una persona puede descansar de manera efectiva.
Síntomas de la privación del sueño
Las consecuencias de no dormir bien se manifiestan a través de una variedad de síntomas, revelando la influencia directa que tiene esta condición en nuestro bienestar diario.
Uno de los síntomas de dormir poco más característicos es la somnolencia diurna excesiva, que puede resultar en una sensación abrumadora de cansancio durante el día. Este agotamiento puede dar lugar a la dificultad para mantenerse despierto, incluso en momentos cruciales, llevando a experiencias de microsueños, donde una persona se queda dormida durante unos segundos.
La falta de sueño impacta directamente en el estado mental y físico. Los síntomas incluyen un pensamiento más lento, una capacidad de atención reducida y una memoria deteriorada. La toma de decisiones también puede verse afectada, manifestándose en decisiones deficientes o arriesgadas. Además, la falta de energía y cambios de humor, que pueden incluir sentimientos de estrés, ansiedad o irritabilidad, son indicadores comunes de la falta de sueño.
Es importante tener en cuenta que los efectos de la falta de sueño pueden variar según la duración y la intensidad, ya sea aguda o crónica. Además, el uso de estimulantes como la cafeína puede enmascarar temporalmente estos síntomas, lo que destaca la necesidad de una autoevaluación cuidadosa más allá del efecto de estas sustancias.



