Salvo que de repente alcancemos una revolución tecnológica casi irracional, la ingravidez es un estado que el común de los mortales no va a poder disfrutar en vida. Esa sensación de volar, aunque se acerque más bien a la flotación, de momento solo es algo destinado a los hombres y mujeres que viajan por el espacio. Acrobacias, volteretas, fingir el buceo y demás juegos que convierten a la falta de gravedad en una ilusión del siglo XXI. Pero además de los trucos propios de la ligereza en el aire, la NASA entrena a sus ingenieros para que sepan lidiar con situaciones cotidianas.

Los astronautas cumplen una jornada laboral a la que sucede el particular y correspondiente descanso. Ni se pasan toda la misión sin dormir ni por el contrario pueden estar años haciéndolo a través de sueños criogénicos como se ha mostrado en el cine. ‘Alien, el octavo pasajero’ no deja de ser ciencia ficción y la realidad dictamina que los starman se acuestan como cualquier ser humano. Eso sí, no en las cómodas camas que tienen en sus hogares.

Así son las camas de los astronautas

Siguiendo el relato que han trazado las películas, imaginamos a un astronauta sumergido en alguna especie de bañera. Cápsulas que los inducen a una hibernación que durará largos meses. Sin embargo, la verdad juega mucho menos con el sci-fi y, por el contrario, está más pegada al suelo de lo que creemos.

A causa de la ya comentada falta de gravedad, los astronautas que viajan al espacio no pueden usar camas con sus correspondientes somieres, colchones y almohadas. Si por algún motivo intentaran esta opción, las camas chocarían unas con otras y aquello se asemejaría más a los coches de choque de las ferias.

Para evitar los efectos colaterales de la gravedad cero, las naves espaciales reservan un habitáculo destinado para que los hombres y mujeres puedan descansar en los sacos habilitados. Por lo general son sacos de dormir muy ligeros que están fijados a diferentes plataformas con el fin de que no choquen constantemente entre ellos. La microgravedad que experimentan los tripulantes hace que puedan dormir tanto vertical como horizontalmente.

¿Cuántas horas duermen?

Dormir ocho horas diarias es un mantra que todos conocemos y por mucho que estés en el espacio exterior no te puedes saltar. Si cualquier tipo de jornada laboral ya es dura, imagina cómo puede ser si no has descansado la jornada anterior por situarte a miles de años luz de la Tierra, rodeado de oscuridad y con la ausencia referencial del día y la noche. Pero a pesar de las peculiaridades con las que tienen que lidiar las tripulaciones espaciales, la norma dictamina que cada astronauta tiene que cumplir la regla de las ocho horas.