Corren tiempos donde la obsolescencia programada de los gadgets y herramientas tecnológicas tiñen nuestros hogares de incertidumbre y ese come-come de “me parece que este ordenador está a punto de romperse”. En el otro extremo, el de la garantía y la confianza en productos con mayor resistencia y duración, encontramos la tranquilidad de poder determinar casi con seguridad cuánto dura un colchón.

Y decimos casi con seguridad porque, si bien es cierto que la duración media de un colchón se puede establecer entre los 8 y los 10 años, todo dependerá de los cuidados que le establezcamos. Igual que en el imaginario colectivo tenemos la certeza de que hay que llevar el coche al taller, en estos casos nosotros mismos vamos a ser los mecánicos y la extensión de la vida útil de un colchón no nos va a costar tanto como ocurre con los vehículos.

Siguiendo los consejos que te vamos a dar, ya no solo maximizarás la duración, lo más importante es que ayudará en tu descanso y, por ende, repercutirá en tu salud.

Elige la mejor calidad

Resultará una obviedad, pero todo comienza en el mismo momento en el que te decantes por un tipo de colchón u otro. La calidad de los materiales te puede dar una idea de la durabilidad que tendrá. Opciones económicas como la espuma y aquellos cuya densidad indica estrechez y finura señalan que en apenas un lustro tendrás que volver a la tienda.

Cuida a tu colchón y cuidarás tu descanso

A diferencia de cualquier elemento que contiene tu vivienda, la cama es algo que vas a usar sí o sí cada día. Ese desgaste diario es lo que va a ir provocando la oscilación de tu duración y de ti va a depender si supera los cinco años o una década. El sudor, la humedad, los ácaros, las bacterias son algunos de los elementos que van a influir en su durabilidad y, por tanto, en la calidad de tu descanso. Es aquí donde entra en juego un factor determinante que merece igual de importancia: las fundas.

No hay que caer en el error de asociar funda con elemento decorativo, sino como mecanismo de protección. Existen diferentes tipos de cubre colchones que, dependiendo del material con el que está fabricado, te aportarán unas características que podrás adaptar a tus necesidades:

Algodón

Un material clásico como el algodón te aportará protección contra los ácaros y menguará el típico desgaste provocado por el uso diario.

Topper

Rellenado con 400 gramos de fibra y fabricado en tejido 100% algodón, el Topper Boheme que disponemos hace las funciones de cubrecolchón gracias a su acolchado superior y los laterales con esquinas elásticas.

Biowool Magnetic

La tecnología al servicio de tu descanso. Biowool Magnetic es una funda fabricada a base de fibra de carbono y siete bandas magnéticas.

Doble Tencel

Una apuesta segura gracias a su doble capa (una inferior y otra superior) de Tencel que influirá en tu descanso a la par que garantiza una funda transpirable e impermeable al mismo tiempo. Cualquier líquido o fluido que se derrame accidentalmente no tendrá ni la mayor opción de saludar a tu colchón.

Igual que sucede con su hermano mayor, la durabilidad y eficiencia de una funda va a depender del propio uso. Los cubre colchones serán un elemento que tendrás que cambiar cada cierto tiempo y que sustituirás siempre que veas un gran deterioro en forma de rasgaduras.

Por último, y volviendo al tema principal sobre la duración de los colchones, además de acompañarlo con un buen soporte que evite deformaciones, te recomendamos que no los uses para almacenar peso sobre puntos concretos, ponerte de pie o, aún peor, saltar sobre ellos.