¿Por qué nos entra sueño después de comer?

Feb 4, 2020 | TE INFORMAMOS |

Ay, la siesta. Probablemente uno de los mejores inventos de la historia de la humanidad. Es gratis, es fácil, produce satisfacción, suele mejorar nuestro carácter y nos inyecta un chute de energía muy aprovechable para el resto del día. Pero como no es oro todo lo que reluce, esta bonita costumbre es algo disfrutable y permisible en verano o cuando estamos de vacaciones. El resto del año, en pleno meollo laboral, resulta más impedimento que otra cosa. Ese sueño después de comer lo único que puede provocar es peor rendimiento y quebraderos de cabeza. Pero, ¿por qué nos sucede? ¿Es cierto que viene provocada por la digestión de nuestro cuerpo? ¿Se puede evitar?

Todas estas preguntas tienen su respuesta. Además de la alimentación y su posterior digestión, los hábitos y ciclos de sueño también juegan su parte. Pero una cosa has de tener clara. Sea como fuere no es motivo de preocupación.

La digestión de después de comer, el principal sospechoso

Como bien hemos dicho anteriormente, la somnolencia postprandial (así se le conoce al sueño que nos entra después de una comida, copiosa o ligera) no solo está influida por un factor. Sin embargo, si existe uno que resalta por encima de todos, ese es el de la digestión. Es decir, el proceso en el que nuestro organismo transforma todos los alimentos que ingerimos en sustancias asimilables para el cuerpo.

La hipótesis más extendida defiende que el característico sueño que vaticina una siesta se debe a que nuestro flujo sanguíneo se concentra en el aparato digestivo. Esto ocasiona una disminución de la presión arterial en el cerebro, produciendo así la sensación de somnolencia. Esta teoría fue predominante hasta junio del 2011, fecha en la que la Universidad de Manchester publicó un estudio sobre el sueño que incluía una variable: la glucosa. El equipo de investigadores científicos determinó que las ganas de dormir tras una comida residían en los niveles de glucosa. Al parecer, la glucosa hace disminuir una hormona de nuestro organismo conocida como orexina.

La teoría de la evolución también explica las causas que enlazan el insomnio con el hambre. Nuestros antepasados aprovechaban las horas siguientes a alimentarse para dormir. Así, mientras reposaban la comida, aprovechaban las fuerzas y energías provenientes de los alimentos. Por los mismos motivos, pero justo en el lado opuesto, el hambre les acentuaba el ingenio, agudizaban sus sentidos y lo aprovechaban esa situación en búsqueda de comida.

Respecto a los diferentes tipos de alimentos y su influencia directa en el sueño que nos entra después de ingerirlos, las comidas que contengan mayor nivel de carbohidratos y grasas serán los que mayor impacto tengan: pan, pasta, cereales, verduras… En el otro extremo encontramos los alimentos ricos en proteínas.

¿Podemos combatir esa somnolencia?

Disponer de un buen colchón y dormir ocho horas por la noche son conceptos razonables que todos conocemos y que ayudan a luchar contra ese bajón que nos entra después de comer. Además de ese descanso, existen una serie de pautas que también combaten la somnolencia postprandial.

Comer cada cuatro horas, no ingerir alimentos con excesivo nivel de frutas (incluyendo ciertas frutas), beber más agua y no tanto café, hacer algo de ejercicio durante 10 ó 15 minutos son algunas de las indicaciones a seguir. Y, aunque te parezca contraproducente, algo en lo que no tenemos que caer es el pensamiento de si comemos menos, evitaremos ese sueño. Un error común que dista de la realidad. En el equilibrio está la solución.