Dormir con almohada, ¿sí o no?

Feb 10, 2020 | MEJORA TU DESCANSO, TE ACONSEJAMOS |

Es posible que el imaginario colectivo tenga como mantra irrefutable que sí o sí hay que dormir con almohada. Sin embargo, es más común de lo que piensas el no uso de este producto entre cierto tipo de personas. Y aunque lo más correcto y recomendable es pasar una buena noche de descanso apoyando tu cabeza y cuello en estas placenteras bolsas mullidas, existen algunas excepciones donde su no elección no resulta tan descabellada.

VENTAJAS DE DORMIR CON ALMOHADA

Pero empezaremos por hablar de las innumerables virtudes de la almohada y la necesidad casi animal que tenemos de ellas. Si te fijas, este gusto por dormir con ellas nos retrotrae a la más pura infancia. Desde el momento en el que nacemos, nuestro sueño ha estado relacionado a su tacto, algo que de manera subconsciente se nos queda grabado.

Mientras vamos creciendo y haciéndonos mayores, nuestros hábitos de sueño se modifican ligeramente o en exceso, pero hay una variable que no suele cambiar. La almohada ha seguido siendo vital para nuestro confort y en ocasiones hasta le hemos dado mayor importancia que a otros productos relacionados con el equipo de descanso. Las quejas de personas de nuestro entorno cuando han cambiado de cama suelen oscilar entre el “he dormido fatal por culpa de esta almohada” al más lacónico “es que la almohada estaba demasiado dura”.

Una vez analizado el factor más animal o incluso social, la principal razón por la que debemos dormir con almohada radica en nuestra propia salud. Para lograr el objetivo de conseguir un sueño placentero es importante que nosotros mismos no pongamos barreras a ello. Y la elección de una almohada estará determinada por dos factores primordiales: sus características y su calidad final.

Además de la necesaria sensación de confort que viene muy determinada por ese instinto heredado de su uso continuo, la principal función que tienen las almohadas es el de servirnos de punto de apoyo para la cabeza, cuello y hombros.

Por regla general, debido a la curvatura de nuestra columna vertebral, al acostarnos nuestra cabeza se va a disponer de una altura distinta a la de nuestros hombros. Esta diferencia la mitigan las almohadas, ya que son los elementos que salvan esa diferencia de altura y evitan que el cuello se quede inclinado en alguna postura antinatural. Pero claro, no todos dormimos de la misma manera, por lo que nuestras necesidades pueden variar mucho a la hora de escoger un modelo.

Dormir boca arriba, boca abajo (abrazando de alguna manera a la propia almohada) o de lado, va a determinar el tipo de almohada que necesitas según la postura que adoptes al dormir. Por ejemplo, si eres de los que tienden a descansar de lado (la postura más repetida), vas a requerir un modelo más grueso y firme. Si, por el contrario, tienes la poco recomendaba costumbre de hacerlo boca abajo, te aconsejamos una almohada bajita y firme de fibras o de tacto pluma.

Fuera ya de hábitos y posturas, otro de los casos donde la almohada es de uso obligado es el de aquellas personas que padecen dolencias cervicales. Es aquí cuando, obviamente, entran en juego los modelos con características especiales. Una almohada cervical de viscoelástica modelada, suave y adaptable, mejorará en tu descanso y repercutirá en tu salud.

Pero, entonces, ¿en qué casos es recomendable no utilizar una almohada?

Si bien es cierto que la recomendación universal es la de dormir con almohada en cualquier caso, podemos encontrar excepciones en las que los expertos pueden aflojar la norma. Por ejemplo, si eres de aquellos afortunados que duermen con la boca hacia arriba y además lo haces sin apenas moverte en toda la noche, un cojín o algún producto que eleve tu cuello puede hacer las mismas funciones (aunque nosotros siempre te vamos a aconsejar el uso de un modelo de látex con firmeza media y altura intermedia).

Por último, puede existir otro caso donde una almohada no se convierta en una pieza obligatoria. Se trata de niños cuya columna vertebral esté sana.