Dependiendo de su propia composición, cada almohada nos proporcionará un tipo de descanso. En líneas generales, encontramos cuatro materiales a la hora de fabricar una almohada: viscoelástica, látex, fibra y copos.
Comenzando por la más popular de todas, las almohadas de viscoelástica, hallamos una serie de beneficios como la adaptabilidad, el efecto memoria y la manera que tienen de mantener nuestra columna vertebral correctamente alineada sin importar la postura en la que acabemos durmiendo.
Las almohadas de látex destacan más por una elasticidad extra y, sobre todo, por garantizar una mejor evacuación de la humedad, lo cual libera más calor y, por ende, aporta un mayor nivel de transpiración al durmiente. Esta prestación será más valorada en personas calurosas o residentes en zonas cálidas.
Por su parte, las almohadas de fibras también ofrecen una gran adaptabilidad, además de ser más resistentes y adecuadas para fisionomías especiales. Por último, encontramos en los modelos fabricados con copos la mejor opción posible para todo tipo de durmientes. Al poder reducir y aumentar el número de copos, podemos jugar con la altura de la almohada, adaptándose así a diferentes posiciones y personas de todas las edades.