Matutino o vespertino, ¿qué clase de persona eres tú?

Sep 23, 2020 | TE INFORMAMOS |


Entre los cientos de dicotomías por los que podemos dividir y clasificar las personas, encontramos una especie de cuadro que viene influido por los biorritmos y la cantidad de luz solar que necesitan para ser productivos y/o felices. Hablamos de la catalogación entre seres matutinos o vespertinos. Por un lado, encontramos a esas personas que se acuestan pronto, se duermen con facilidad y se despiertan con los primeros albores del día. En el lado contrario, están los que se definen como noctámbulos. Se acuestan y se levantan tarde. Según cada clase de persona, se puede rendir mejor en un periodo del día u otro. Analizamos este fenómeno y establecemos los pros y los contras de cada categoría.

Matutinos vs vespertinos: ¿en qué consiste cada uno?

Se les puede dividir entre matutinos y vespertinos (o noctámbulos), pero también se pueden definir como alondras y búhos. Es la división social que podemos hacer de la población adulta según su ritmo diario de actividad. Según nuestro “gen rock” (los genes reloj), las personas pueden sentirse más a gusto y moverse más durante el día o, por el contrario, cuando desaparece el sol.

Según ciertas estadísticas, el 20% de la población se englobaría en el grupo de las alondras, otro 20% en los búhos y el 60% restante se les clasifica como colibríes (un punto intermedio).

Personas matutinas

Si entramos a analizar a las personas consideras alondras o matutinas, encontramos un segmento de la población con una mejor calidad del sueño, que suelen dormir ocho horas, se acuestan pronto, madrugan y, tras despertar, no tardan más de cinco minutos en sentirse activos y prácticos.

Las personas alondras se caracterizan por ser más positivas, alegres, organizadas y sistemáticas que los noctámbulos. Transforman mejor la información del entorno y muestran una mayor tendencia a procesar los inputs de información que reciben en parámetros prácticos, lógicos y racionales.

En la parte negativa, las personas matutinas, a medida que va transcurriendo el día y la jornada laboral o académica, van viendo cómo su rendimiento va decreciendo a la par que se van sintiendo físicamente más cansados. Es por ello también que llegan más agotados al final del día y pueden conciliar mejor el sueño.

Personas vespertinas

En el otro extremo encontramos a las personas vespertinas, noctámbulas y búhos. Por regla general, hablamos de seres mucho más creativos, artísticos, impulsivos, aventureros y más abiertos a descubrir nuevas experiencias (una característica que ya de por sí está asociada a la propia creatividad).

Las personas vespertinas tienden más a consumir alcohol, tabaco y drogas. Por una vez, el mantra de que la noche induce a este tipo de sustancias no es ningún tópico, sino una cuestión de probabilidad y estadística. Otras consecuencias negativas indican que los búhos muestran más sintomatología psiquiatra. Es decir, son más propensos a la depresión, la ansiedad e incluso trastornos como el TDAH (déficit de atención e hiperactividad). Para mitigarlo, es recomendable establecer ciertos patrones de tiempo de manera regular. Lo ideal es fijar horarios para despertarse, acostarse y comer a horas concretas y nada alocadas. Además, deberían cumplir actividades diarias asociadas a la actividad matutina.

Por último, las personas a las que consideramos vespertinas tardan mucho en despertarse completamente. A diferencia de las alondras y matutinas, las noctámbulas pueden tardar hasta una hora en sentirse preparados y activos para afrontar el día y los quehaceres laborales, domésticos, familiares y/o académicos. Desde el momento en el que abren los ojos, viven en una especie de vigilia donde el cansancio y el sueño es el rey. Por el contrario, esto los lleva a una actividad más positiva conforme va transcurriendo el día. Sus capacidades cognitivas aumentan con el paso de las horas y van sintiéndose más ingeniosos, creativos, lúcidos y ágiles conforme la luz del sol va menguando. Es por ello que también les cuesta más conciliar el sueño, por la actividad cerebral que se produce en esos últimos minutos del día.