Es bien conocida la importancia de un descanso reparador durante la noche. Y es que dormir bien resulta tan necesario para funcionar durante el día como para la salud en general. Pero no solo eso, sino que dormir bien reduce el riesgo de padecer algunas enfermedades tales como la obesidad, la diabetes o incluso la muerte prematura.

Además, mientras dormimos nuestro cerebro se mantiene activo y funcionando. De hecho, las actividades cerebrales durante el sueño ayudan a mantener un buen estado de salud y permiten que el cuerpo funcione de manera óptima. Por otro lado, como sabrás, no dormir lo suficiente puede ser peligroso para la salud mental y física.

¿Cuántas horas de sueño son necesarias?

La cantidad de horas de sueño suficientes varía según la persona y no se mantiene estable a lo largo del ciclo vital, sino que va cambiando con el tiempo. La mayoría de los adultos, incluyendo los de edad avanzada, necesitan entre 7 y 8 horas de sueño cada noche. Los niños tienen diferentes necesidades de sueño según la edad, aunque lo normal entre los niños más pequeños es que necesiten al menos 9 horas de sueño.

Por supuesto, no sólo importa la cantidad de horas de sueño que dormimos. También tiene mucha importancia la calidad del descanso: la manera en la que nuestro cuerpo funciona cada día depende tanto del total de horas que dormimos como de la calidad de este sueño, así como de la duración de cada etapa del sueño.

 ¿Cuánto es dormir demasiado? ¿Por qué es perjudicial?

Aunque, como hemos dicho, la cantidad de sueño necesaria es diferente para cada persona, se considera que el sueño reparador y más sano debería durar entre 7 y 8 horas. Así, dormir más de nueve o diez horas podría resultar perjudicial. De hecho, según Susan Redline, profesora de la Universidad de Harvard, las personas que duermen más de 10 horas al día tienden a tener peor estado de salud que aquellas que duermen un promedio de 7 u 8 horas.

Esto se debe a que el sueño prolongado, aquel que dura más de ocho horas, es normalmente un sueño ligero. Esto quiere decir que no se alcanza un estado profundo y constante de sueño. Con ello, el cerebro no consigue el mismo beneficio que lo haría con el sueño profundo, el que se necesita para que nuestro organismo funcione debidamente.

¿Qué riesgos puede conllevar dormir demasiado?

Ahora sabemos que es malo dormir demasiado. Pero, ¿qué consecuencias puede tener el hecho de dormir más de 9 o 10 horas al día? Estas son algunas:

1. Alteraciones metabólicas

Según la investigación, existe una clara relación entre la obesidad y el exceso de sueño. Aunque no parece una relación causa-efecto, sí que existe una conexión. Podría ser que dormir demasiado se traduzca en realizar poca actividad física: aquellas personas que duermen demasiado tienen menos período de tiempo disponible en el que pueden estar activos.

2. Mayor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares

Según un estudio mundial publicado en el European Heart Journal, dormir más de ocho horas se asocia con un mayor riesgo de muerte y enfermedades cardiovasculares.  En el estudio, los investigadores observaron los datos de 21 países, y descubrieron que aquellas personas que duermen más del límite superior recomendado de ocho horas aumentan el riesgo de eventos cardiovasculares graves, como insuficiencia cardíaca o apoplejía.

3. Riesgo de sufrir diabetes

Según la profesora Susan Redline, dormir demasiado puede elevar los niveles de azúcar. Así, altos niveles de glucosa en sangre pueden incrementar el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. Lo mismo ocurre cuando se duerme muy poco, que pueden elevarse los niveles de azúcar.

4. Riesgo de muerte prematura

Así como las enfermedades que hemos nombrado, el hecho de dormir demasiado puede conllevar un mayor riesgo de muerte prematura. No se sabe muy bien porqué, pero según Irwin, la probabilidad de morir prematuramente aumenta si se padece diabetes o alguna enfermedad cardiovascular.

Parece pues que tan malo es dormir poco como dormir mucho. En conclusión, lo mejor resulta dormir las horas pertinentes, entre 7 y 8 en el caso de adultos, para así evitarnos posibles futuras enfermedades.