Un cabecero es un elemento con muchas utilidades para la habitación, más allá de la función estética. Incluso puede resultar indispensable cuando nuestra cama está colocada de forma que nuestra cabeza toca con la pared.

Beneficios que aporta el cabecero al descanso

Los cabeceros son conocidos generalmente como complementos de nuestro dormitorio. De alguna manera, con el cabecero podemos conseguir cuatro beneficios para nuestro descanso. En primer lugar, los cabeceros cumplen con una función estética colocándose detrás de la cama. Podemos potenciar la estética de nuestro equipo de descanso mediante este elemento, combinándolo ya sea con el canapé, con la base tapizada o con la ropa de cama. Incluso podemos tener en cuenta el color de las paredes para combinarlo con este elemento del equipo de descanso.

Además, a la hora de dormir, el cabecero impide que nuestra cabeza esté en contacto directo con la pared. Ello nos protege de los posibles golpes que podamos darnos con nuestra cabeza en la pared. Por si esto fuera poco, el cabecero ayuda a proteger tanto la cama como la ropa de cama de nuestro equipo de descanso. También evita que la pintura salte por el continuo contacto de nuestra cabeza con la pared (así como la incomodidad que esto puede suponer, sobre todo en invierno cuando la pared está fría).

Por último, el cabecero actúa como aislante térmico especialmente cuando más frío hace. Evita que nuestra cabeza esté en contacto directo con la pared, con lo que permite almacenar el calor de nuestro cuerpo y que este no se escape por la cabeza.

Cómo colocar el cabecero en nuestra habitación

Entonces, ¿Cómo se colocan los cabeceros para que hagan una función protectora de la cama? Esto dependerá de su altura. Los cabeceros de Maxcolchon tienen dos tipos de altura: de 75cm y de más de 120cm. Los de 75cm se cuelgan de la pared y los de 120cm tienen la altura necesaria para colocarse sin ningún tipo de sujeción.

Los cabeceros de 75cm deben colgarse de la pared. A la hora de hacer esta instalación, debes agujerear la pared para poner dos puntos o tacos de soporte, que casen con las anillas ubicadas en la parte trasera del cabecero. Es imprescindible asegurarse de realizar los agujeros de manera correcta, adecuadamente alineados y la altura necesaria. Utilizar un metro y señalar las zonas es un método cuidadoso para evitar instalaciones defectuosas. De esta forma se consigue que ambas partes casen y que la sujeción del cabecero le permita hacer sus funciones.

Por otra parte, los cabeceros de 120cm o 130cm no necesitan un sistema de sujeción junto a la pared. Estos cabeceros pueden apoyarse directamente en el suelo, ya que están preparados para la altura de la cama. En este caso, es recomendable dejar el cabecero centrado, para que así pueda proteger toda la cama y ofrecer un margen de espacio igual por ambos costados. Así, además de cumplir en su función protectora, aportan una estética uniforme al resto del dormitorio.